patio bondiano

domingo, 10 de junio de 2012

Dos importantes "mecanismos" —conceptos— actorales a usar en el drama de Edward Bond.

El primero de los dos "mecanismos" es TIEMPO ACCIDENTE.

En el extremo trágico el sitio del drama está en tiempo accidente, ese tiempo "ralentizado" que experimentamos en accidentes graves.  Es un tiempo biológico que ha evolucionado para ayudarnos a escapar del peligro de tal forma que vemos el sitio clara y completamente.  En la ficción del drama-realidad, tiempo accidente no ofrece la seguridad de la huida pero obliga a la implicación.  El espectador es arrastrado dentro del evento y allí es confrontado.  Es el momento de la concentración absoluta en el lado más alejado del peligro.  En este extremo de precisión mental que en la calle esta diseñado para escapar, ahora rechaza toda evasión y obliga a la presencia absoluta en la que el ser (en el ser humano) busca sentido a las contradicciones del evento como si fuese el primer ser (en el ser humano) y buscase el significado del mundo cuando entró en el. El significado deja patente la elección.  El tiempo accidente dramático es la singularidad, el origen de lo humano y el sitio de origen del imperativo humano.  Tiempo accidente es la percepción de la inocencia radical pero la inocencia radical de ser entendida en relación a lo que he escrito de la justicia y la gravedad del mundo.

El segundo de los "mecanismos" del drama moderno (de todo drama, distinto del teatro) es el OBJETO INVISIBLE.

En el momento crítico del evento la performance de la actriz-actor crea el tiempo accidente en el espectador (pero no en sí mismo, en la actriz-actor, porque eso sería un mecanismo de teatro, una impostura estética).  La obra crea el evento pero no el objeto invisible. El objeto invisible es creado solamente por la actriz/actor.  El actor muestra, en la expresión, gesto, postura, movimiento, voz o de alguna otra manera, su percepción o reacción al evento.  Esto es, el significado que tiene para el individuo actuando.  El escenario confronta al espectador con su yo, con la realidad de su yo-"ser", y en el objeto invisible el actor confronta su propio yo-"ser", se transforma en su propio yo-"ser" dentro de la realidad-drama más allá de la ficción.  El objeto invisible es individualmente único e idiosincrático al actor/actriz, solo ese actor particular puede crear ese particular objeto invisible.  Pero todos y cada uno de los espectadores lo reconecen (...).  Esto no es acerca de una humanidad común compartida (si drama fuese tan fácil no tendría razón de ser y la historia no podría abrigarse a la corrupción) sino del imperativo humano compartido.  Así la comunalidad del arte, y su  razón de ser adecuada: representar lo humano y revelar su significado en una situación dada.  Lo humano no es abstracto y el objeto invisible revela lo humano en su forma material.  (...)  El actor busca el objeto invisible cuando se enfrenta a la situación.  Una obra de teatro o seudo-drama es como un barco que invita a los actores y a los espectadores a hacer un crucero de placer o una expedición científica respetable. En cambio, una obra-Drama es como un barco que lleva a los actores al medio del océano y una vez allí les hecha por la borda para que encuentren su yo-"ser" en el mar abierto.  El teatro empieza y termina en su continua encapsulación y en su propia ideología.   Drama lleva a eventos que no pueden ser encapsulados en la ideología, en que la ideología se descompone ante el imperativo.
El objeto invisible es revelado cuando creamos lo humano y nos encontramos en una situación donde debemos elegir confrontando a lo humano con lo corrupto o vacío.  
En Drama moderno no hay salmos-a-Dios, epifanías espirituales o revelaciones simbólicas; en el Drama de ahora el lenguaje de la realidad viene del evento demótico y extremo con una elocuencia humana que habla al yo-"ser" con el lenguaje de la realidad, de la gravedad del mundo.

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