patio bondiano

jueves, 6 de febrero de 2014

Llevamos "Al Límite" de Edward Bond al teatro Xtremo de Jaén.


Ron es un joven a punto de emprender una nueva vida. Pero un incidente en la calle con un viejo ebrio “allí tira’o” crea un dilema que le persigue hasta la casa de su madre, su propia casa.  Inesperadamente su sala de estar se convierte en un campo de batalla entre lo nuevo y lo viejo, el pasado, el presente y el futuro.

Hasta aquí es bastante simple.  Pero es más fácil decirlo que hacerlo.

Porque “Al Límite” no quiere ser teatro; quiere ser Drama.  Teatro, como nos dice Bond, sugiere solucionar el problema “escarbando” la superficie del problema porque el teatro mismo está atrapado en el problema mismo: el mercado y su ideología.  Drama no sugiere solucionar el problema sino hacerlo creativo.  Qué es ser un “tipo” de ser humano (un personaje o carácter) no está escrito en un ADN antes de nacer – Hitler no nació “Hitler”.  No solo cada individuo del planeta es toda una diferencia sino que incluso vivimos en absolutamente diferentes realidades (La realidad en que nació Aznar, Rajoy o los niños de Botín está a años luz de la realidad del que nació en Vallecas – y no digamos del que nació en un barrio de chabolas o en Nigeria.)

Y sin embargo (y esto era ya la gran catástrofe del siglo XX para el gran poeta Pier Paolo Pasolini poco antes de ser asesinado) la sociedad de consumo y mass-media ha conseguido lo que el fascismo per se quiso imponer a toda costa y  no pudo: la homogeneización absoluta del ideario burgués a nivel planetario, la mercantilización de todo y todos; hasta el punto de llegar a declarar, como hizo Fukujama, el final de la historia.  Y por supuesto, no era verdad: el 2007 finalmente nos explotó en la cara recordando, incluso a los más reaccionarios y reificados, que la lucha de clases es tan lucha como lo era en los años 20, que la injusticia, la corrupción, la mentira están institucionalizadas y que la historia continúa.

Aunque estemos en un campo que tiene ya 2.500 años, Drama, ahora tiene que ser necesariamente nuevo.  Los antiguos griegos tenían lo que nosotros afortunadamente hemos dejado atrás, la mitología – aunque muchos y muy poderosos entes se empeñen en alimentarla e imponerla – y sus “mentiras” respondían a “aquella” lógica humana. Así, era obvio que el gran drama de Sófocles o Eurípides se integrara en las cuestiones humanas más profundas y que todavía nos acompañan “¿qué es ser un ser humano?” en su realidad.  Los gigantes Shakespeare y Calderón tenían su realidad.  Y ahora nosotros tenemos nuestra realidad y es muy diferente – no solo es como de otro planeta, en comparación es como de otro universo.  Por eso crear, fomentar, inventar un nuevo Drama útil para una nueva realidad humana es de absoluta urgencia. 

Por eso decía que no es fácil.  De hecho, Bond tiene fama entre la industria teatral británica de “difícil.” Bond impide a gigantes como la RSC, the National o the Royal Court que produzcan sus obras porque, según Bond, “sus producciones corrompen el espíritu, la lógica del drama con artificialidades codificadas para el mercado.”  Bond, un gigante, no ha recibido uno de los honores de la reina – como el famoso CBE al fallecido Harol Pinter “caballero comandante del imperio británico” y que Pinter aceptó radiante.  Sería demasiado contradictorio: Bond ha declarado pública y repetidamente que lo iría a recoger “con un cubo para vomitar.”  (El cubo sería por puros buenos modales, que les tiene.)
Las obras bondianas no están escritas premeditadamente para que los actores exhiban su ingenio, sus trucos, su “superficialidad” dice Bond.   No apela a lo “trascendental,” – no cree en dioses; no crea “magia,” no es del absurdo ni de la performance art con láseres y efectos especiales.  Aquí premia la lógica, la imaginación y la razón. Si los actores “actúan” apropiadamente el texto, os encontraréis teniendo que negociar otras realidades.

Como sucede en otros casos, Bond no solo no ha traicionado la idea humanista con la edad sino que es más radical que nunca – “lo que tengo es melancolía por el futuro”.  Pero más importante: su obra es aire fresco; Drama no se deja apropiar por el mercantilismo//ideología dominante – es un antídoto.
Drama es más política que la “política.”  Pero sobre todo es ética.  Y es eso lo que hace que sea difícil.  L.  Wittgenstein, quizás el hombre que más sabía sobre qué es la ética decía que

“la ética no es acerca de lo que quieres o necesitas, sino acerca de aquello que deberías querer o deberías necesitar”

Eso requiere retroceder, reflexionar, imaginar antes de cada acto porque toda acción tiene consecuencias.

Y lógicamente, esa es la conclusión de toda su obra:

“El fin de toda mi obra es la ética” Edward Bond

César Villa

Patio Edward Bond de la Juventud

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