patio bondiano

miércoles, 29 de julio de 2015

BOND: OFRECER EL DRAMA DE LA SOCIEDAD.

El siguiente texto es una carta reciente de Edward Bond apoyando tanto a el drama en la educación como a la compañía Big Brum de Birmingham. Leer a Bond siempre es refrescante y por ende puede que sea útil a todos aquellos que estén o quieran estar en la escena.   De parte de uno de los autores vivos más importantes de nuestros tiempos.

EDWARD BOND: POR UN DRAMA DE LA SOCIEDAD – DRAMA EN LA EDUCACIÓN

La Ilustración tuvo lugar hace unos trescientos años. Hasta entonces a los trabajadores se les consideraba como a ganado. Durante la Ilustración científicos hicieron nuevos descubrimientos acerca del mundo – Galileo, Newton, Descartes. Mostraron que las descripciones que tenía la autoridad sobre el mundo eran erróneas. Por lo tanto, ¿por qué debería ser correcta la descripción que tenía la autoridad sobre la gente? - la misma gente que estaba haciendo los nuevos descubrimientos. Esto necesariamente condujo a un nuevo entendimiento político. Kant desafió a la gente a pensar por sí mismos.

Al mismo tiempo nuevas formas de hacer dinero fueron descubiertas. La riqueza ya no solo provenía de la tierra. También se obtenía de la maquinaría, la tecnología, la ciencia. Pero las estructuras políticas del viejo mundo todavía dominaban la cultura. La nueva sociedad fue forzada a vivir dentro de las viejas estructuras de clase. En efecto el uso de la razón para entendernos a nosotros mismos (del mismo modo que podíamos entender más acerca del mundo) fue reemplazado por la tecnología, por una nueva forma de usar el mundo. La clase trabajadora no tenía tierra. Se la robaron con las Actas de Cercamiento (the Enclosure Acts.)1 Así la clase trabajadora fue forzada a trabajar en las nuevas fábricas y en vez de ser los nuevos seres humanos emancipados todavía eran tratados como ganado. Esto condujo a un aumento de la resistencia y oposición política, a ideas modernas como democracia. Empezó principalmente en Gran Bretaña pero pronto se propagó a otros países de Europa y de América. Estos cambios, tecnológicos y económicos, provocó una lucha internacional entre y contra poderes extranjeros por dos cosas: materias primas y todavía más mano de obra barata, para los mercados y la producción. La política generalmente vive en estado de confusión porque no describe una situación sino que usa valores morales para interpretarla - y estos varían culturalmente. Estas tensiones internacionales nos llevaron a dos guerras mundiales: a las clases trabajadoras se las pidió morir para defender las mismas sociedades cuyos dueños eran la misma gente que les explotaba y que les trataba como ganado. Obviamente esto condujo a un incremento de los disturbios y la agitación. La ideología no podía decirles “queremos que mates y te maten para poder tener mercados más grandes” – en su lugar dijeron que tenían que morir por Inglaterra o Gran Bretaña (o como era el caso, por Alemania.) La Primera Guerra Mundial se luchó para crear una nueva tierra donde vivieran héroes– no para que el ganado humano viviese y muriese en la miseria.

La batalla económica por mercados y beneficios produjo la Gran Depresión de las entreguerras. A su vez esto produjo una nueva forma avanzada de explotación: fascismo, el cual combina los artilugios financieros y económicos con una distorsión de la imaginación. Hubo una razón específica para distorsionar la imaginación. La siguiente Gran Guerra no podía ser luchada, como habían sido luchadas en el pasado, con la llamada a la obediencia y el deber. Dados los cambios políticos que he mencionado, la participación de la clase obrera dependía de un apoyo mucho más activo. Y por eso de la noche a la mañana el ganado humano fue transformado en guerreros patriotas, en “la guardia real de la libertad” y en Das Volke (los escogidos de dios; la raza superior.)¡Una transformación cultural extraordinaria! De esto se deduce la función de la imaginación en la política moderna. Ahora que se viven tiempos de penuria económica y social, de agitaciones internacionales, siempre habrá una vuelta a la derecha política – y como esto no resuelve nada, en última instancia a la extrema derecha. Hace más o menos cuarenta años esto empezó a suceder en este país (Reino Unido.) El gobierno laborista de postguerra estableció un estado de bienestar que no estaba basado en el “Das English Volk” sino en la Ilustración que había empezado hace trescientos años. Pero incluso en el estado de bienestar la sociedad era todavía espantosamente injusta. Las viejas clases tenían aun todo el poder. Así que la clase trabajadora – la clase mayoritaria – sumieron al país en huelgas por una sociedad más justa y por mayor participación en el gobierno. Es extraordinario observar como incluso hoy la prensa de derechas insiste que esto hizo que el país fuese ingobernable – porque dicen esto en un momento en que el capitalismo y sus agentes han llevado al país al mismo borde del desastre total. La solución fue hacerles a los pobres todavía más pobres. En respuesta a los ciclos de caos del capitalismo, la derecha hizo un nuevo pacto con el diablo. Ideó un sistema político y financiero nuevo: se llamó neoliberalismo, laissez faire dejado llevar a lo más extremo. Las instituciones que controlaban a los banqueros, financieros e inversores fueron abolidas. El mercado resolvería por sí mismo los problemas del capitalismo. Todo se ponía a la venta para obtener beneficios todavía más grandes. Esto ha llevado a la destrucción de “la sociedad del bien-hacer-bien-estar” y a convertir en desechos los sacrificios de millones de soldados y trabajadores que murieron por esa sociedad.

¿Cómo es posible que una sociedad de la tecnología moderna produzca pobreza, abandono, desechos y tal brecha entre pobres y ricos? La respuesta de Thatcher fue simple. No hay sociedad. E irónicamente esto se suponía que nos llevaría a la Gran Sociedad. Puedes ver como funciona la corrupción de la imaginación. Gran Bretaña no es una Gran Sociedad. Es una sociedad enferma y su cultura es sórdida. El resultado es un desgarramiento de la razón y la imaginación, de la cultura y de la practicalidad. La sociedad se vuelve peligrosa. Vuelve la pobreza. Pero hay una vuelta de tuerca nueva. Ahora somos la sociedad del entretenimiento. Durante los últimos treinta años la sociedad ha sido presa de una extraña histeria. Combina entretenimiento y espectáculo con deuda, ansiedad, pobreza y pánico. Se muestra a la pobreza como una pieza prácticamente aceptable de la sociedad – al menos a los ricos – mientras el entretenimiento continua. Esta histeria es extrañamente parecida a la que cautivó a la Alemania Nazi de los años 30. Cuando todo debe ser vendido, cuando el mercado es determinado por las ventas rápidas, entonces la misma producción se convierte en un algo grotescamente nihilista – todo se hace banal, trivial, simplificado, de mal gusto, de desechos, sin las complejidades y las sutilezas que nos hacen humanos. El mercado corrompe la imaginación cultural. En vez de que la imaginación penetre detrás de la apariencia de las cosas para revelar las verdaderas necesidades humanas, el mercado se usa para estimular avaricia y pánico. Hasta la misma juventud está dañada. Hay jóvenes que en vez de estar a la vanguardia de la razón y de las fuentes de la creatividad – como es natural para la juventud – son reaccionarios, apoyando a las derechas políticas para encontrar chivos expiatorios a los que culpar de su inevitable baja posición social en la escalera económica – después de todo, la base de la economía capitalista siempre será ocupada por una mayoría no por la élite. Es un hecho económico que la base de la montaña tiene que ser más grande que sus picos.

Para justificar su ira contra sus enemigos Hitler no dijo que eran ganado humano – dijo que no eran ni humanos. Si describes cualquier ser humano – aunque solo sea uno – como no humano, corrompes la imaginación que necesitas para entender lo humano que hay en ti. Thatcher fue un paso más allá que Hitler. Ella dijo que no había sociedad. Solo había la familia y sus incestuosas obras financieras. Pero cuando solo hay familia y no hay sociedad entonces todos aquellos que no son parte de la familia no son humanos. Si no hay sociedad no hay seres humanos porque es la sociedad quien hace humanos. El mercado de Thatcher es una vuelta al mercado del ganado humano. Es la lógica del neo-liberalismo. Por supuesto, sus efectos llegaran despacio – pero llegarán. Thatcher ha traspasado, violado, el terreno fundamental de la civilización humana – la concordia de la comunidad. El thatcherismo es una pistola cargada escondida bajo una cubre-tetera.

Todas las sociedades tienen estructuras. Hay un arriba y un abajo. Pero hoy en Gran Bretaña no tenemos esto: tenemos un arriba y un abajo, abajo, abajo, abajo, abajo. Los talleres y representaciones que Big Brum2 lleva a sus jóvenes audiencias no es entretenimiento ni tampoco el incesante estímulo enervante del mercado. Big Brum respeta la humanidad de sus audiencias y les capacita a compartir sus problemas – que son serios – y sus percepciones – que son profundas. Muchos de estas audiencias viven entre los que están abajo abajo abajo abajo abajo. Ahora Big Brum está amenazado con la retirada de su financiación y su cierre. Si Big Brum cierra, sus audiencias serán forzadas a descender un peldaño más abajo. Abajo abajo abajo abajo abajo – y más abajo. Big Brum no ofrece entretenimiento engañoso sino el drama de la sociedad.
Edward Bond, 26 de febrero 2015
(Traducción: César Villa)

1 A partir del siglo XVI y hasta bien entrado el siglo XIX, la élite inglesa cercó los terrenos comunales que hasta entonces había cultivado la gente durante siglos en favor de los ricos y terratenientes. Como consecuencia de esta ley los campesinos tenían que pagar tanto para hacerse dueños como para usarlas y prácticamente todo el campesinado las perdieron dejándoles de forma efectiva sin hogar. Los grandes dueños de hoy en Inglaterra son los herederos de aquella injusticia.



2 Big Brum, con su director Chris Cooper, es una compañía de teatro independiente cuyo trabajo se centra en la juventud, difundiendo aquellas obras que Edward Bond escribe para la juventud, montando tanto representaciones como talleres, tanto en teatros como en las instituciones de enseñanza. Ha coleccionado éxitos rotundos en el ámbito de la enseñanza durante los últimos 20 años y es un grupo altamente reconocido tanto en Gran Bretaña como en el área internacional.      

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