patio bondiano

domingo, 5 de mayo de 2013

CARTA DE EDWARD BOND EN DEFENSA DEL DRAMA EN LA EDUCACIÓN


INTRODUCCIÓN A LA CARTA.

Desde la filosofía bondiana continuamente insistimos en las diferencias entre drama y teatro.  Teatro, en el mejor de los casos, entretiene, describe síntomas sin tocar las causas, cree ser “político” anunciando conflictos de actualidad que ya están relatados en los medios, corre como un ratón en su pequeña noria, creyendo ir a algún sitio; teatro se define con una miríada de variedades pero sirviendo siempre a la ideología dominante.  Drama es democracia. Drama pone a sus caracteres en los extremos para definir qué significa ser un ser humano – como individuo y en su relación con la sociedad en que vive.  Drama evita triunfalmente toda ideología porque es estrictamente fiel a la lógica de la acción y el pensamiento - humano.  Drama expone el problema de ser un ser humano y lo hace creativo y así demuestra que no hay “naturaleza humana” porque el ser humano no persiste incambiable, sino que la sociedad en que vive lo cambia y el humano mismo cambia su sociedad y, en situación de libertad y justicia, la cambia creativamente.  Como nos dice Edward Bond “Drama crea la realidad” aplastando la noción ya milenaria de que hay algo ahí fuera que no es humano,  que es “trascendental”: fantasmas, espíritus, dioses, lo mágico y el resto. 
(Para no confundir: la experiencia de lo sublime es otra cosa de un valor humano inmenso.  Pero el sublime como experiencia humana -y experiencia extrictamente con aspiraciones socialistas y éticas, por mucho que les pese a los derechistas y conservadores de toda índole- requeriría para sí un largo ensayo - lee "Acerca del sublime y lo bello" de Edmund Burke para empezar.) 

El gobierno del Reino Unido quiere eliminar drama de la educación primaria y secundaria. 
La enseñanza de drama ha formado parte del curriculum desde hace tantos años que en el reino de las patatas con pescado (fish & chips) se acepta como parte de la educación tradicional pública.  Es la herencia de tantos años de lucha por pocos derechos sociales –que además los británicos han estado perdiendo a marchas forzadas desde la llegada de M. Thatcher,  marchas aceleradas sin oposición durante el régimen de T. Blair y que continúa con la presagiada actual alianza conservadores-liberales – y, por supuesto, sin oposición política.

Pero tenemos que matizar que tampoco estamos defendiendo lo que había.  Ni yo ni Edward Bond ni otros relacionados con Bond. La metodología de la enseñanza del Drama que yo mismo he presenciado – sufrido – observando a enseñantes de drama y de otras áreas dentro de las aulas británicas quedaba muy, muy lejos de las aspiraciones bondianas por un Drama de verdad en la educación (pero existiendo, siempre hay posibilidad de avanzar a mejor; si logran eliminar Drama de las aulas, efectivamente será una catástrofe y un regreso a una educación de pre-guerra - mucho más elitista de lo que ya es, que es muy mucho.)     

En la inmensa mayoría de los casos, la enseñanza de drama que tuve que observar, estaba en las manos de enseñantes licenciados que dejaron la universidad sin haber entendido las diferencias entre drama y teatro.  Eran más enseñantes confundidos, desencantados y desesperados por mantener su salario – y por lo tanto totalmente determinados a obedecer las indicaciones de directores o subdirectores de escuelas, más interesados en aplicar disciplina y control que en explorar con los más jóvenes los lenguajes de la democracia, de lo humano, de lo social, de lo político; es decir Drama – que apasionados practicantes.  Uno de los ejemplos más escandalosos que mantengo en mi memoria – y en mis escritos – es el de una enseñante de drama que, clase después de clase, a sus estudiantes de secundaria, la primera media hora les mantenía recortando con tijeras personajes de obras de Shakespeare sacados de alguna revista de dudoso origen – eran más vulgares caricaturas.  Y la segunda media hora mirando en una pantalla la corrupta versión hollywoodiense de la obra de Shakespeare relacionada con los previos recortes – en este caso Romeo y Julieta.  “¿Por qué no dejarles practicar algunas líneas de la obra o preparar alguna situación dramática de su elección,” pregunté teniendo que usar el máximo tacto.  “Porque si pasa el director y hay bulla me crea problemas y no merece la pena” contestó.  No es coincidencia que esta escuela estaba situada en uno de esos numerosos barrios británicos ocupados por la underclass, como les llaman los sociólogos anglosajones  (el subproletariado para nosotros): masas ingentes de desempleados crónicos – o de su opuesto: padres que nunca están en casa porque super-explotados en algún trabajo sin cualificaciones - de familias disfuncionales, sin aspiraciones, con antecedentes, barrios violentos con sus calles vacías – excepto por bandas de niños y niñas buscando vandalizar algo o a alguien hasta altas horas de la noche.  En estas escuelas los enseñantes tienen bastante con mantener a los críos en clase, observar si llegan con marcas – por maltratos – y que comen algo.  Innecesario decir que es precisamente en estos sitios donde Drama se vuelve de importancia capital.

Un profesor de drama ligado a una revista especializada recientemente pidió a Bond escribir acerca de esta amenaza.  Esta fue su respuesta:

CARTA DE EDWARD BOND, (16 de abril, 2013).  Traducción: Dr. J C Villa

Querido G.

[...]  Negar a los niños drama es negarles un derecho de nacimiento.  Si tenemos claro qué es drama y cómo se relaciona con la educación, lo que van a hacer sería impensable.

Los seres humanos son complicados.  Para ser seres humanos tenemos que reconciliar deseos y necesidades, la mente y el cuerpo, la conciencia y la reflexión, el ser privado y el de la comunidad, la realidad y la imaginación, lo conocido y lo desconocido, las herencias y el futuro, lo trágico y lo cómico, la celebración y la aflicción, debemos controlar el presente pero empezamos obedeciendo al nacer y terminamos obedeciendo al morir – y todo ello dentro de un cuerpo delicado y con una mente afectada por el error.  Estas cosas viven en un conflicto fatal.  Tienen que remediarse con un modo de vida viable.  La naturaleza no puede hacer esto porque soluciona sus problemas matando, por lo tanto los seres humanos deben trascender a la naturaleza misma.  Esto los humanos solo lo pueden hacer dramatizándose a sí mismos y a su situación.  Cada uno de nosotros debe dramatizar su propia vida pero también tenemos que compartir con las comunidades nuestras vidas y para lograr esto debemos dramatizar nuestros compartidos “yos”.  Esto crea cultura.  Que la cultura trasciende a la naturaleza es más que obvio.  Nada de lo que nos proporciona la naturaleza nos hace humanos, ningún gen u órgano (ni siquiera el cerebro.)  Nosotros nos hacemos humanos dramatizando los opuestos y las polaridades que he descrito.  Drama es la escena esencial de los conflictos y sin embargo es en el drama donde estamos todos unidos: somos la especie dramática.  Históricamente las culturas se convierten en ideologías las cuales requieren una conformidad informada y, en momentos de tensión, obediencia.  Pero no podemos vivir del pasado y para seguir siendo humanos las culturas deben cambiar.  Es la diferencia entre evolución e historia.  Drama es cambio, su esencia es la creatividad.  No obstante la creatividad requiere libertad y por eso no hay libertad sin drama.  Es de una importancia suprema que los procesos del drama no sean aprendidos y cultivados por los jóvenes solamente en las calles.   Eso llevaría, no a la supervivencia de los mejores, sino a la de los menos aptos, de los despiadados y violentos.  Drama no es entretenimiento – el corazón del drama es una exigencia intransigente por lo humano.  L@s niñ@s y adolescentes son capaces de afrontar esa exigencia sólo cuando esta forma parte del mundo afectivo y escrupuloso dentro de la escuela, de su educación general.  Es dentro de la seguridad de la escuela donde pueden hacer frente a la intransigencia de los clásicos – y practicar cómo vivir con esa intransigencia en los problemas dramáticos de sus propios tiempos.

Hay ironía en la presente amenaza de eliminar drama de las escuelas, de la educación.  Un gobierno conservador abandona la filosofía del conservadurismo – abandonando el pasado, no solo su herencia sino más peligrosamente los modos creados por el pasado para conservar el futuro.  Eso no puede hacerse a través de la enseñanza, adhiriéndose solo a los requisitos de fabricación y negocios - ya que estos solo pueden satisfacer nuestras necesidades.  Trascender nuestras necesidades y cumplir con nuestras aspiraciones humanas son la base de la civilización.  La base de la democracia es poder tomar decisiones, y ser responsable por esas decisiones; el mercado elimina esa base.  Solo la libertad puede hacer eso y no hay libertad sin drama.

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