patio bondiano

viernes, 12 de julio de 2013

INTRODUCCIÓN PARA LOS JÓVENES DE LA OBRA "AL LÍMITE" - THE EDGE - DE BOND.

Drama se remonta a los inicios de la civilización.  Su función fundamental es explorar y responder a la misma pregunta que se hacían los antiguos griegos hace ya 5.000 años: qué es ser un ser humano en el complejo mundo actual (Edward Bond en realidad va más allá y pregunta cómo proclamar nuestra humanidad en una sociedad des-humanizada.)  Tenemos los Derechos Humanos pero ninguno de ellos hace mención al derecho a ser un ser humano – y que el mundo sea el hogar de todos.    






























Los jóvenes no lo tenéis fácil.  Llegáis a un mundo en que tanto lo bueno como lo malo está ya establecido por vuestros antepasados – y en la balanza social e individual, lo malo sigue pesando mucho más que lo bueno.  En vuestro hogar – nuestro planeta - os vais a encontrar con problemas que os han sido impuestos desde fuera, desde el pasado; problemas por lo que no sois responsables pero a los que, sin ninguna duda, tendréis que enfrentaros durante vuestras vidas como adultos. 

Y tendréis que elegir: entre hacer el bien o el mal, entre lo bueno y lo malo, entre aquello que es beneficioso para vosotros ahora y lo que es beneficioso para vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos; entre aquello que es bueno para ti como individuo y aquello que es bueno para toda la sociedad.  Es un problema que no se irá, que será siempre parte de ser un ser humano: preservar lo humano o dejarlo caer en el abismo. 

Ahora vivimos momentos especialmente críticos en una era que es fundamentalmente comercial y tecnológica.  El beneficio rápido y personal impone soluciones rápidas que obtienen con la ciencia.  Pero los problemas importantes requieren reflexión (esto es, hacer uso de la ética)  y, en vez de eliminar el problema por la vía rápida, hacer del problema un momento de creación.  Drama no elimina el problema, lo convierte en un momento creativo.  Como dice Edward Bond “Drama convierte a la realidad misma en nuestra herramienta para buscar respuestas humanas.”

Por eso estudiar, practicar Drama debería ser de importancia capital para todos y especialmente durante el periodo de enseñanza de los más jóvenes.  El futuro de la humanidad está en vuestras manos.  Debéis elegir y responsabilizaros por vuestra elección. 

Imagina: millones de personas usan sus coches para ir al trabajo.  Millones hacen muchos kilómetros cada día en carreteras y autovías repletas de otros coches y camiones y mientras viajan, millones escuchan la radio.  Y día tras día, esas radios anuncian que la ingente cantidad de gases que producimos con los coches y las fábricas están sobrecalentando el planeta como nunca antes y que las consecuencias serán catastróficas. Sin embargo, todos estos millones de conductores son incapaces de detener la combustión.  Han sido informados pero si no usan el coche y trabajan en las fábricas no alimentan a sus familias.  ¿Qué efecto tiene este aparentemente irremediable “viaje hacia la catástrofe” sobre la mente humana? ¿Cómo vivimos sabiendo que estamos alimentando una máquina que nos mata? 

En la obra Al Límite un joven (Ron) va a emprender una nueva vida “al otro lao der mundo.”  Pero antes encuentra accidentalmente un pobre viejo ebrio (Desconocido) tirado en la calle creando un dilema (es decir, debe tomar decisiones) que le persigue hasta su misma casa.  De pronto, la sala de estar de su madre (Sal) se convierte en un campo de batalla entre lo nuevo y lo viejo, el pasado, el presente y el futuro.  

Edward Bond ha comprometido su vida a escribir tragedias de enorme importancia para la gente de a pie; para esa mayoría que mes a mes lucha por llegar a fin de mes; para aquellos que incluso no llegan ni al fin de semana.  En su tiempo, podía haber vendido su gran talento a las repetidas invitaciones de Hollywood y haberse convertido en una persona “rica y famosa”.  Pero, como él mismo me ha dicho, habría sido como cometer una forma de suicidio.  Bond convierte a lo cuotidiano, a lo rutinario, a lo aparentemente sin importancia, en grandes momentos dramáticos.  Es nuestro Shakespeare.

J C Villa

Patio Edward Bond de la Juventud (Asociación registrada sin ánimo de lucro para la difusión de la obra de Edward Bond)


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sábado, 18 de mayo de 2013

REALIDAD Y REALISMO: EDWARD BOND'S "GRASS" (HIERBA)

INTRODUCCIÓN.


La correspondencia que he tenido con Bond desde el 2002 ha sido y es intensa.  La considero una mis pocas y más preciadas posesiones — sin dudas añade trascendencia a los estudios dramáticos del gran autor.  Merecería ser de utilidad pública, de forma adecuada, cronológica y comedidamente contextuada. 

Porque leer y escuchar a Bond es más que un privilegio; es luz y esperanza en un mundo tóxico en tinieblas.  Pregúntate, ¿qué es filosofía?  La gran filosofía nos dice aquello que está ya dentro de nosotros, que ya sabemos — es conocimiento cognitivo.  Por supuesto, la idea ya existente en nuestro ser tiene forma abstracta y sin entrenamiento intelectual permanece aletargada — y pensar, realmente pensar, es el ejercicio humano más agotador, con mucho.  El filósofo simplemente ha adquirido unas herramientas semánticas con las que es capaz de concretizar la abstracción  ¿Prueba?  Seguro que toda mente inquieta, leyendo por primera vez una gran idea filosófica, se ha encontrado exclamando a sí mismo “¡Ah, es verdad!” como una explosión reveladora.  Ese “¡Ah, es verdad!” solo confirma que en nuestras mentes hay mucho más conocimiento de lo apreciado.  Esto sucede leyendo a Nietzsche: nunca quedará claro si era filósofo o poeta.  La gran poesía contiene intrínsicamente gran filosofía.  Bond nos ofrece una gran filosofía de drama, no por filósofo, sino como poeta. Pero un poeta materialista en el sentido marxista, un realista, “un melancólico del futuro” come dice él mismo.  Que no es otra cosa que saber, de una forma incluso dolorosa, urgente, que si las sociedades humanas no se esfuerzan por construir un futuro socialista y puramente democrático —porque uno no funciona sin el otro —, vamos hacia el horror, vamos hacia el abismo.  Y es esa honestidad de Bond, a veces brutal, intransigente, que no negocia, que al decirlo no mira si eres amigo o enemigo, con la que finalmente me he sentido en casa, en buen puerto —porque lo primero en drama no es la adulación, o las alianzas, o el beneficio, o la seguridad, sino la idea.

Desde temprana edad, en una sociedad de clases, los que como yo vienen de las clases trabajadoras más humildes, pronto aprendemos a recibir golpes en cada poro de nuestro cuerpo y psique: nos engañan, nos abusan, nos dirigen con sofisticadas formas de violencia, desde la educación institucionalizada hasta los empleos.  Nos colocan en un mundo donde todos somos enemigos de todos, donde competir por limitados recursos con toda clase de sucias estratagemas es legitimado y naturalizado por una ley que no nos ha preguntado ni por nuestro nombre; por una ley que ofrece venganza como justicia.  La ilusión es llevadera porque la mentira está estetizada.   Un fantástico melodrama; una gran soap-opera.  Lo llaman “igualdad de oportunidades”.    Sin darnos cuenta, nos convierten en cómplices de corrupción, nos enseñan a mentir y a aceptar mentiras como parte de una regla no escrita pero que todo el mundo sabe.  Para cuando somos adultos hemos aprendido que es imposible fiarse del “otro”, que hay tácticas y “buenos modales” que deben ser utilizados para seguir viviendo.  El teatro burgués es el gran celebrador de estas maestrías, del melodrama, de lo sutil, del gesto que significa su opuesto, de la máscara encima de la máscara, de leer entre líneas.  Una mentira dicha millones de veces que, con sus dos siglos de historia, desde su emancipación del yugo monárquico, se ha convertido en la gran verdad universal: capitalismo.  Como Nietzsche ya intuía, una sociedad capitalista es una sociedad en continuo estado de guerra.  Y como la guerra, es adictiva.  Como el drogadicto con su adicción, requerirá un esfuerzo sobrehumano y determinado para hacer una ruptura absoluta, para finalmente seguir construyendo episodios en la historia humana.  

En el siguiente poema, Grass, Bond nos habla magistralmente de esto.  Es un regalo que Bond me hizo cuando, en el año 2008, tuve que venir a España seis meses con mis hijos.  Bond espera que le escriba a menudo contándole de mis días a días, de mis ideas e impresiones.  Después de tantos años de ausencia, me tuve que enfrentar de nuevo con la burocracia española.  Con hijos, la escolarización, la seguridad social, homologaciones, los derechos y obligaciones, se convierten en bacanales de papeles, timbres, fotocopias, certificados, autentificaciones de identidad y bla, bla, bla.  En mis cartas le contaba a Bond de como impasibles trabajadores del aparato burocrático te mandaban a sellar un documento a oficina A, para en A decirte que tenias que ir a B, donde te explicaban que era a cinco kilómetros en C, que no, que era en D, para en D decirte que era de vuelta en A, donde la misma persona que te mando a B con la misma mirada muerta, perdida, sin voz, finalmente te estampa el timbre en el documento, “firme aquí y aquí”, una copia para ella y otra para ti y “el siguiente”.  Es un material antropológico, sociológico formidable.  Porque hay una relación entre este absurdismo burocrático que todos los españoles de a pie sufren, y el ethos de los españoles en su conjunto, desorganizado, frenético, como en estado de continua histeria, pícaro pero apático, irrespetuoso hacia el otro y con cierto espíritu anárquico; cuando conducen, cuando conversan hablando unos encima de otros, ya sea en la calle, en casa, o en los medios; de que los actos opresivos, irracionales de las estructuras del poder terminan proyectándose a través de los sujetos a los que oprime.   Pero no ahora. 

Con esto en mente, Bond me dedicó el poema Grass:


Hierba (La)

No camines en la hierba
El letrero no dice que no camines en la hierba

Si caminas en la hierba serás fusilado
Toda persona que camine en la hierba será fusilada
No está permitido caminar en la hierba: los infractores serán fusilados al amanecer
Esta prohibido caminar en la hierba: penalización por desobediencia muerte a tiros
Prohibido caminar en la hierba: incumplimiento dará lugar a procesamiento y a muerte por un pelotón de fusilamiento
Los padres de cualquier niño que esté caminando saltando corriendo o arrastrándose sobre la hierba serán fusilados y sus niños llevados a un orfanato
Las sillas de ruedas no pueden ser conducidas o empujadas sobre la hierba: los usuarios o empujadores de este tipo de vehículos serán disparados y sus vehículos confiscados
Cualquier persona vagando sobre la hierba en estado de embriaguez será primero rehabilitada y después fusilada
No camines en la hierba: el coste de las balas es una carga para los contribuyentes
Camina por los senderos
Los senderos se han establecido para tu orientación y uso
Camina sobre la grava

El letrero no dice fusilar
El letrero dice por favor

La ley debe contener la liturgia y la boca hacerse agua

Come la hierba
Es tu pan de cada día

E Bond, 29 03 2008

domingo, 5 de mayo de 2013

CARTA DE EDWARD BOND EN DEFENSA DEL DRAMA EN LA EDUCACIÓN


INTRODUCCIÓN A LA CARTA.

Desde la filosofía bondiana continuamente insistimos en las diferencias entre drama y teatro.  Teatro, en el mejor de los casos, entretiene, describe síntomas sin tocar las causas, cree ser “político” anunciando conflictos de actualidad que ya están relatados en los medios, corre como un ratón en su pequeña noria, creyendo ir a algún sitio; teatro se define con una miríada de variedades pero sirviendo siempre a la ideología dominante.  Drama es democracia. Drama pone a sus caracteres en los extremos para definir qué significa ser un ser humano – como individuo y en su relación con la sociedad en que vive.  Drama evita triunfalmente toda ideología porque es estrictamente fiel a la lógica de la acción y el pensamiento - humano.  Drama expone el problema de ser un ser humano y lo hace creativo y así demuestra que no hay “naturaleza humana” porque el ser humano no persiste incambiable, sino que la sociedad en que vive lo cambia y el humano mismo cambia su sociedad y, en situación de libertad y justicia, la cambia creativamente.  Como nos dice Edward Bond “Drama crea la realidad” aplastando la noción ya milenaria de que hay algo ahí fuera que no es humano,  que es “trascendental”: fantasmas, espíritus, dioses, lo mágico y el resto. 
(Para no confundir: la experiencia de lo sublime es otra cosa de un valor humano inmenso.  Pero el sublime como experiencia humana -y experiencia extrictamente con aspiraciones socialistas y éticas, por mucho que les pese a los derechistas y conservadores de toda índole- requeriría para sí un largo ensayo - lee "Acerca del sublime y lo bello" de Edmund Burke para empezar.) 

El gobierno del Reino Unido quiere eliminar drama de la educación primaria y secundaria. 
La enseñanza de drama ha formado parte del curriculum desde hace tantos años que en el reino de las patatas con pescado (fish & chips) se acepta como parte de la educación tradicional pública.  Es la herencia de tantos años de lucha por pocos derechos sociales –que además los británicos han estado perdiendo a marchas forzadas desde la llegada de M. Thatcher,  marchas aceleradas sin oposición durante el régimen de T. Blair y que continúa con la presagiada actual alianza conservadores-liberales – y, por supuesto, sin oposición política.

Pero tenemos que matizar que tampoco estamos defendiendo lo que había.  Ni yo ni Edward Bond ni otros relacionados con Bond. La metodología de la enseñanza del Drama que yo mismo he presenciado – sufrido – observando a enseñantes de drama y de otras áreas dentro de las aulas británicas quedaba muy, muy lejos de las aspiraciones bondianas por un Drama de verdad en la educación (pero existiendo, siempre hay posibilidad de avanzar a mejor; si logran eliminar Drama de las aulas, efectivamente será una catástrofe y un regreso a una educación de pre-guerra - mucho más elitista de lo que ya es, que es muy mucho.)     

En la inmensa mayoría de los casos, la enseñanza de drama que tuve que observar, estaba en las manos de enseñantes licenciados que dejaron la universidad sin haber entendido las diferencias entre drama y teatro.  Eran más enseñantes confundidos, desencantados y desesperados por mantener su salario – y por lo tanto totalmente determinados a obedecer las indicaciones de directores o subdirectores de escuelas, más interesados en aplicar disciplina y control que en explorar con los más jóvenes los lenguajes de la democracia, de lo humano, de lo social, de lo político; es decir Drama – que apasionados practicantes.  Uno de los ejemplos más escandalosos que mantengo en mi memoria – y en mis escritos – es el de una enseñante de drama que, clase después de clase, a sus estudiantes de secundaria, la primera media hora les mantenía recortando con tijeras personajes de obras de Shakespeare sacados de alguna revista de dudoso origen – eran más vulgares caricaturas.  Y la segunda media hora mirando en una pantalla la corrupta versión hollywoodiense de la obra de Shakespeare relacionada con los previos recortes – en este caso Romeo y Julieta.  “¿Por qué no dejarles practicar algunas líneas de la obra o preparar alguna situación dramática de su elección,” pregunté teniendo que usar el máximo tacto.  “Porque si pasa el director y hay bulla me crea problemas y no merece la pena” contestó.  No es coincidencia que esta escuela estaba situada en uno de esos numerosos barrios británicos ocupados por la underclass, como les llaman los sociólogos anglosajones  (el subproletariado para nosotros): masas ingentes de desempleados crónicos – o de su opuesto: padres que nunca están en casa porque super-explotados en algún trabajo sin cualificaciones - de familias disfuncionales, sin aspiraciones, con antecedentes, barrios violentos con sus calles vacías – excepto por bandas de niños y niñas buscando vandalizar algo o a alguien hasta altas horas de la noche.  En estas escuelas los enseñantes tienen bastante con mantener a los críos en clase, observar si llegan con marcas – por maltratos – y que comen algo.  Innecesario decir que es precisamente en estos sitios donde Drama se vuelve de importancia capital.

Un profesor de drama ligado a una revista especializada recientemente pidió a Bond escribir acerca de esta amenaza.  Esta fue su respuesta:

CARTA DE EDWARD BOND, (16 de abril, 2013).  Traducción: Dr. J C Villa

Querido G.

[...]  Negar a los niños drama es negarles un derecho de nacimiento.  Si tenemos claro qué es drama y cómo se relaciona con la educación, lo que van a hacer sería impensable.

Los seres humanos son complicados.  Para ser seres humanos tenemos que reconciliar deseos y necesidades, la mente y el cuerpo, la conciencia y la reflexión, el ser privado y el de la comunidad, la realidad y la imaginación, lo conocido y lo desconocido, las herencias y el futuro, lo trágico y lo cómico, la celebración y la aflicción, debemos controlar el presente pero empezamos obedeciendo al nacer y terminamos obedeciendo al morir – y todo ello dentro de un cuerpo delicado y con una mente afectada por el error.  Estas cosas viven en un conflicto fatal.  Tienen que remediarse con un modo de vida viable.  La naturaleza no puede hacer esto porque soluciona sus problemas matando, por lo tanto los seres humanos deben trascender a la naturaleza misma.  Esto los humanos solo lo pueden hacer dramatizándose a sí mismos y a su situación.  Cada uno de nosotros debe dramatizar su propia vida pero también tenemos que compartir con las comunidades nuestras vidas y para lograr esto debemos dramatizar nuestros compartidos “yos”.  Esto crea cultura.  Que la cultura trasciende a la naturaleza es más que obvio.  Nada de lo que nos proporciona la naturaleza nos hace humanos, ningún gen u órgano (ni siquiera el cerebro.)  Nosotros nos hacemos humanos dramatizando los opuestos y las polaridades que he descrito.  Drama es la escena esencial de los conflictos y sin embargo es en el drama donde estamos todos unidos: somos la especie dramática.  Históricamente las culturas se convierten en ideologías las cuales requieren una conformidad informada y, en momentos de tensión, obediencia.  Pero no podemos vivir del pasado y para seguir siendo humanos las culturas deben cambiar.  Es la diferencia entre evolución e historia.  Drama es cambio, su esencia es la creatividad.  No obstante la creatividad requiere libertad y por eso no hay libertad sin drama.  Es de una importancia suprema que los procesos del drama no sean aprendidos y cultivados por los jóvenes solamente en las calles.   Eso llevaría, no a la supervivencia de los mejores, sino a la de los menos aptos, de los despiadados y violentos.  Drama no es entretenimiento – el corazón del drama es una exigencia intransigente por lo humano.  L@s niñ@s y adolescentes son capaces de afrontar esa exigencia sólo cuando esta forma parte del mundo afectivo y escrupuloso dentro de la escuela, de su educación general.  Es dentro de la seguridad de la escuela donde pueden hacer frente a la intransigencia de los clásicos – y practicar cómo vivir con esa intransigencia en los problemas dramáticos de sus propios tiempos.

Hay ironía en la presente amenaza de eliminar drama de las escuelas, de la educación.  Un gobierno conservador abandona la filosofía del conservadurismo – abandonando el pasado, no solo su herencia sino más peligrosamente los modos creados por el pasado para conservar el futuro.  Eso no puede hacerse a través de la enseñanza, adhiriéndose solo a los requisitos de fabricación y negocios - ya que estos solo pueden satisfacer nuestras necesidades.  Trascender nuestras necesidades y cumplir con nuestras aspiraciones humanas son la base de la civilización.  La base de la democracia es poder tomar decisiones, y ser responsable por esas decisiones; el mercado elimina esa base.  Solo la libertad puede hacer eso y no hay libertad sin drama.

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sábado, 23 de febrero de 2013

INDICACIONES EN EL CAMINO


Un camino hacia Bond

La reificación capitalista progresivamente cancela el significado humano bajo “la esencia de la estructura mercantil (…) en todos sus aspectos” (Lukács, 1990: 83)  Con su énfasis en el significado del ser en el ser humano, la estrategia dramática de Bond aplica, en cierto sentido, la prescripción de Lukács contra la mente reificada.[1]


En una de sus cartas Bond me dice: “Mi problema es que necesito crear un teatro nuevo y radical pero sin esos trucos deslumbrantes - efectos reductivos y reaccionarios – que usan la mayoría de los autodenominados teatros nuevos y radicales”.


Para Lukács, la reificación comunica, transmite lo que es el sentido del proceso de ser cambiado en una cosa, lo que irremediablemente cambia la relaciones entre las personas mismas —por decirlo de una manera cruda “la gente adquiere el carácter de ser una cosa” (Lukács, 1990: 83), dejando atrás, o colocándolo en un plano secundario, su propia humanidad. 


El Objeto Invisible de Bond (IO) — un dispositivo dramático fundamental de su Teatro Evento (TE) (Davis, 2005: 90)  — recuerda a la noción de Lukács que la esencia del capitalismo es un problema oculto y que, sin embargo, puede ser perceptible en todas partes y en todo objeto.  Con el Objeto Invisible , Bond trata de hacer visible lo que está “escondido en la ideología y la convención”.


Arte auténtico y social estará fuera de nuestro alcance tanto tiempo como la desigualdad constituya el marco fundamental de nuestras sociedades. Con el fin de existir con verdadero peso, el arte necesita de una cultura humana, no una cultura de clase, que es donde todavía se sitúa (Villa, 2006).

En su celebrado estudio “La Sociología del Drama Moderno” (1914), nada más empezar el texto, Lukács afirmaba de forma inequívoca: “El drama moderno es el drama de la burguesía; el drama moderno es drama burgués” (in Bentley, 1992: 425).


Bibliografía:
Bentley, Eric (1992) The Theory of the Modern Stage, London: Penguin Books.

Davis, David (editor) (2005) Edward Bond and the Dramatic Child, Trentham Books Limited.

Lukács, Georg (1990) History and Class Consciousness: Studies in Marxist Dialectics, trans. by Rodney Livingstone, London: Merlin Press.

Villa Diez, César (2006) Rethinking Aesthetics in the Politics of Theatre: A Road to Edward Bond — the Ethical, Vol. I & II, PhD thesis, University of Leeds. 





[1] Los del RAE, en su anquilosamiento, reconocen “reificación” pero prefieren llamarlo cosificación y desde este término ofrecen una pobre definición.  


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CARTA DE BOND SOBRE EL ACTO DE ACTUAR


PREÁMBULO

Melodrama, el más dañino de todas las formas artísticas, burgués por excelencia, infecta el todo y a todos.  Quizás hemos llegado a un punto de sin-retorno.  Han pasado casi dos siglos desde que la burguesía se liberó del yugo feudal, implantando sus estructuras sociales, políticas, económicas, artísticas – un escaparate estético cuya utilidad es en el encubrimiento (en efecto, con aparatos como el melodrama) del crimen contra todo lo humano.   Inculcado generación después de generación – usando la educación, la cultura, la familia, las religiones - como si su sistema, el burgués, fuese el último posible, el definitivo, el final de la historia.  Desde Joyce, pasando por Duchamp y siguiendo con Beckett, Pinter y sus seguidores e imitadores por doquier. Es como si nos dijeran “no te molestes en viajar más; ya has llegado”.

Melodrama, con sus espurias decoraciones, encubre el totalitarismo, naturaliza la injusticia, hace creer al esclavo que es libre y al esclavista que hace lo correcto.

Los más recientes treinta, cuarenta años de feroz imposición ideológica neoliberal y sus patrones estéticos han tenido que hacer mucho más daño de lo que es posible imaginar.  Melodrama disfraza el realismo de una gruesa capa de mentira.  Se define a sí mismo: cubre al drama con melodía deliberadamente cargada de ideología dominante de tal forma que el drama llega a decir lo opuesto de lo que su propia lógica intenta decir.  Y se encuentra por doquier.  En todos y cada uno de los actos sociales humanos –artísticos, informativos, científicos, políticos, familiares; incluyendo hasta los mismos organizativos.  El ejemplo más axiomático, claro, infantil-ista, puede observarse en la industria del cine, movies, films.  No solo el ejemplo anglosajón-Hollywood cinemático, que es el ejemplo más escandaloso, resaltante, sino el de todos los demás, de estudio, marginales; son siempre oportunidades perdidas.  Son capaces de incluso crear un magnífico argumento –porque, después de todo, hay gente que despliega fenomenales talentos -, de los que te hacen sentarte en el borde de tu asiento, para repentinamente desquiciarte con una resolución hortera, reconstruida ideológicamente, ilógica, sentimentalista.  Todos los medios de información, la televisión, los periódicos, la novela burguesa que brillantemente definió Lukács, el teatro, y ahora lo que muchos llaman “performance,” sufren de la misma infección: melodrama.   Y es que hay incluso departamentos en las universidades británicas cuyos “académicos” se dedican exclusivamente al estudio, reproducción y alabanzas del melodrama como una forma “del bien y de valores”. (Una implantación académica que en Gran Bretaña coincide con el régimen del New Labour Party en los 90 y la invasión de académicos pequeño burgueses que se declaran abiertamente defensores del sistema burgués churchiliano como un sistema “con errores pero que funciona; el mejor de lo peor”.)  Bond nos dice que “la ideología es opresión disfrazada de cultura”; melodrama es ideología burguesa.

El acto de actuar en las obras bondianas es uno de los grandes problemas – precisamente por la generalizada influencia del melodrama naturalista.  Las tragedias de Bond son formidables pero su puesta en escena las deja incompletas, heridas.  Es muy difícil encontrar actores que hayan podido evitar las contaminaciones del naturalismo pequeño-burgués –  una forma de melodrama.  Pongo un ejemplo práctico y fácil de entender: entro en un bar, apoyo mis antebrazos en la barra y pido un café. “Un café por favor”.  El camarero me mira – puede que por dos segundos o que ni siquiera se moleste en mirar – y pueden pasar varias cosas: que lo haga con una sonrisa y responda “ahora mismo”; o simplemente no responda nada y, sin sonrisa, haga un café y me lo ponga en la barra.   Tanto el camarero como yo hemos actuado con naturalidad.  Cada uno ha cumplido unas formas sociales y nadie en el bar se ha sorprendido por nada.  Pero en realidad, tanto el camarero como yo, como los demás visitantes del bar, vivimos en un sitio –sociedad- que ni es natural ni es sociedad ni es humano.  Nuestro sitio es una casa de locos dirigida por locos, donde a la injusticia se la naturaliza como parte irremediable de lo humano, donde sobrevivir ocupa cada resquicio de nuestras mentes humanas, donde todos son enemigos de todos compitiendo por ocupar posiciones de seguridad, engañándose, robándose, traicionándose.  Eso sí, con estilo, con formas, con buenos modales que se aprenden en la casa y la escuela: es decir, de forma natural, melodramatizándolo. 

Si hubiese entrado en el bar usando una forma realista y hubiese pedido un café con maneras realistas, todos allí presentes positivamente habrían pensado que algo no va bien; que está sucediendo algo inusual, extraño y quizás peligroso.  No estoy hablando del efecto Buñuel, y de pedir café mientras uno se corta el ojo con una navaja de afeitar.  El arte burgués, el más extremo, radical, escandaloso, nihilista y deprimente-pesimista de todas las artes, sabía y sabe que las sociedades burgueses se sustentan fundamentalmente en la hipocresía y el crimen y que, por tanto, psicopatía y locura son la consecuente peste de las sociedades humanas modernas.  Pero el artista burgués solo refleja versiones personales de los síntomas, nunca de las causas (si mostrase la causa, si reflexionase seriamente sobre la causa de los síntomas, el mismo suelo sobre el que se sustenta el estatus y los privilegios del artista burgués se desvanecerían – y entonces, ¡horror! vería claramente que el arte solo es verdadero arte si este tiene aspiraciones socialistas: es decir, entendiendo de forma total que el ser humano solo puede poner en práctica lo humano en una sociedad cuyo proyecto prioritario de futuro es la justicia, la igualdad y la libertad).   

No.  Usando la forma realista la taza, quizás los ojos del camarero y sus ropas, la barra del bar, el polvo acumulado en una esquina, la pequeña mancha sobre una de las hojas de un viejo periódico, mis zapatos –y cada uno de sus aparentemente insignificantes elementos, los olores del sitio y de otras personas; el reloj en la muñeca de alguien – las manecillas de ese mismo reloj; y, naturalmente, lo dicho: cómo voy a decir “un – café - por favor -”.  Las cosas y las palabras adquieren un nuevo significado, muchísimo más concentrado, esencial.  Y es como si todo aquello que era insignificante adquiere un significado formidable y se hace visible.  La ideología, que vive escondida tanto en lo significante como en lo insignificante, se hace visible y con ello la causa del síntoma.  Esto es lo que desvela la verdadera tragedia, esa de Sófocles, Eurípides, Shakespeare, Bond – o lo que se supone que debería desvelar, si la obra cae en las manos apropiadas.  El actor realista necesita activar una concentración superior, donde el tiempo se ralentiza – pero no como si fuese “en camera lenta” – donde, como nos dice Bond “el borde de la mesa de la cocina y el universo son la misma cosa”.  Después de todo, el objetivo más importante para Bond con sus obras es obtener emoción a través del entendimiento – y no al revés, obtener entendimiento a través de la emoción (que es lo que lo que intenta todo evento artístico en la era moderna burguesa).

Obra después de obra, ya sea solo o sentado al lado del mismo Bond, con grandes o pequeñas compañías, con compañías apreciadas por Bond y con otras que no lo son, y la conclusión ha sido y es una frustración constante: la obra de Bond es mostrada solo fraccionalmente porque los actores  utilizan formas naturalistas en su actuación.  Así, obras que deberían ser potencialmente una tesis final contra el teatro burgués por una parte y una experiencia trágica que nos extraiga – al menos momentáneamente - de nuestra corrupta y psicótica era moderna por otra, se presentan “teatralmente” y la audiencia no encuentra la tan necesaria división entre teatro (entretenido melodrama) y drama (hacer del problema un acto creativo).  Las obras de Bond requieren actores comprometidos con el realismo, que actúen de forma realista. 

Bond ha estado de acuerdo conmigo cuando hemos hablado de ello (puedo ver su cara pensante, seria, con la mano en su barbilla, asintiendo.)  Su respuesta siempre ha sido que “no ha habido tiempo para explorar la actuación en profundidad”.   Recientemente he vuelto a insistir con Bond acerca del naturalismo y la actuación después de que los actores con los que trabajo del Patio Edwar Bond en Granada me comentaran los ensayos que vieron de Big Brum en Youtube.  Esta fue su respuesta:  

Actuar es un importante problema por resolver. 
(Uno de los dos o tres problemas básicos en drama.)
 Carta de Edward Bond, enero 2013

Mis obras para Big Brum han sido escritas para audiencias de niños y jóvenes.   Pero mi intención es que muchas de ellas sean puestas en escena para adultos.  Así pues se hace necesario escenificarlas de dos formas diferentes.  Los niños y los más jóvenes tienen una manera particular y urgente de participar en drama.  Los adultos ven una obra acerca de otra gente y, subsecuentemente, pueden llegar a darse cuenta, a entender, que también es acerca de ellos mismos.  Los niños ven las obras como si fueran, primeramente, acerca de ellos mismos y porque son acerca de ellos mismos son también acerca de otra gente.  Esto es así porque lo que preocupa a los niños de forma inmediata es crearse a sí mismos (los adultos están principalmente preocupados de sus carreras, de su supervivencia económica, responsabilidades varias.)  Cuando los niños ven una obra acerca de los serios problemas y dificultades de sus vidas, las situaciones entran dentro de las ágiles, agudas y rápidas estructuras de la obra - con la mayoría de los adultos estas estructuras se vuelven ortodoxas, resistentes y atrofiadas.  A los niños les da un acceso inmediato a aquello que es serio. 

Toda obra se acompaña del concepto del engaño.  Actuar la obra (o el juego porque Bond solo dice “Play” sin artículo y por eso lo fijo en un solo grupo) no es “realmente-real” aunque sea realmente exitosa o realmente no lo sea y puede tener ganadores y perdedores.  Además por no ser “realmente-real” todo el asunto es obviamente un engaño.  Pero cuando es acerca del ser (dentro del ser humano) no es un engaño.  Esa es la realidad de la imaginación y solo esto es lo que nos hace humanos porque es lo que hace que el sentido moral sea acerca del ser (dentro del ser humano).  Drama, actuar (o el juego) transfiere la moralidad de la organización, la intimidación  y la recompensa (…).  En la comida en Mecone (aquí Bond se refiere al famoso ejemplo de Hesíodo en su obra poética “Teogonía,” del siglo 8º A.C., donde Prometeo enfurece a Zeus cuando, engañándole, ofrece un buey en dos partes, una llena de huesos y grasas y otra con la rica carne.  Zeus se enfurece y arrebata el fuego a los hombres como castigo.  La obra se puede leer gratuitamente online), Hesíodo formula el problema de ser un ser humano preguntando “¿Era Dios un tramposo?” – y puedes engañar en el acto de actuar pero entonces estarás haciendo trampas en un engaño (un juego).  La diferencia entre un juego y una obra dramática es que no puedes hacer trampas en la obra (esa que estás mirando) – la obra no engaña, y por eso en la obra te encuentras, confrontas, a ti mismo.  En la obra dramática una audiencia joven siempre está en presencia del Objeto Invisible – el cual es tu-mismo-y-el-actor: la línea divisoria que divide todos los aspectos humanos  excepto el nacimiento, la muerte y el drama no está presente.  Dado que drama es formalmente (oficialmente) un engaño, y dado que su escenario está dentro de ti, no puedes engañar cuando actúas en, eres un testigo de, el drama (obra).  La confusión del mundo capitalista es percibida en su obsesión con el “espíritu” de los juegos olímpicos porque al contrario de los antiguos griegos, no puede convertirlos en sagrado – por lo tanto culturalmente es una decepción, un engaño.  Esto también es cierto de su teatro (del mundo capitalista) (el cual no es drama) y así puedes ver fácilmente como el demonio fue inicialmente creado – cuando el jugador engaña conscientemente, y esto conduce al cinismo y a sus recompensas sardónicas, desconocidas para los niños. 

(…) Lo que quiero decir es que las obras de Big Brum necesitan ser actuadas de dos maneras.  Cuando se hacen para niños probablemente deberías hacerlo como los niños mismos decidieran actuarlas.  La interpretación debería ser acompañada de un taller.  Para adultos es diferente.  La mayor parte de los adultos han perdido la agilidad penetrante y la consecuencialidad moral del (acto-de-actuar).  Tienden a tabular y categorizar.  Necesitan que las situaciones de la representación sean destapadas y desarrolladas.  También los actores creen necesario actuar de esta forma cuando actúan para adultos, injustificadamente. 

(…)

En drama la expresión hablada, el gesto, el movimiento siempre retorna al principio.  En la representación (de promulgar) es siempre la primera vez. (…) En conclusión, menciono la palpabilidad de las palabras y frases en drama y que el gesto es un lenguaje con su propia consecuencia gramática. 

Nunca he podido trabajar mis obras durante meses con un grupo estable de actores.  En Inglaterra trabajo con actores que aprenden a sobrevivir con directores-del-mercado. (Sobrevivir les daña pero a veces sus habilidades no son destruidas.)  Pero puedo imaginar, clara e íntimamente, que es la actuación moderna.  Esto no es teorético porque puedo verlo parcialmente y esto significa que es posible y práctico.  Es siempre una cuestión de sitio.  La subjetividad del actor se vuelve objetiva cuando se sitúa en la situación del sitio.  (…)  Cuando el actor-carácter está en la situación cada gesto, movimiento, palabra, ejecuta el acto de atrapar su consecuencia – la transformación no sucede así sin más.  Esto crea preguntas básicas sobre la diferencia entre donde están los actores y caracteres cuando están en los bordes, en los límites (alguno puede creer que esto ha sido una descuidada traducción del original, pero aquí he puesto especial cuidado en mantener el texto tan puro como el original - después de un tiempo estudiando Bond, y sobre todo la filosofía en la que se apoya, su sentido es simple y claro.)  La actuación moderna solo puede ser creada con los actores.  Creo que tenemos una oportunidad excepcional.  Cada uno de vosotros en vuestros diferentes países podéis trabajar el problema y este trabajo puede ser compartido y comparado.  Mucho de este trabajo es con gente joven pero crea las estructuras que tendrán que ser desarrolladas para audiencias adultas.  Nuestras condiciones de trabajo son pobres y nuestra situación precaria.  Pero tenemos un objetivo.  A veces la dispersión debe ser frustrante pero tiene la ventaja de ser internacional e inter-cultural.  Podría crear la actuación moderna que otros podrían usar (y esto influenciaría tanto a la dirección como a la escritura de obras.)  Por culpa de mal-entender la idea de inocencia radical algunas veces se me acusa de pensar que nacemos libres.  Nacemos en cautividad.  La necesidad de ser un ser humano en un mundo injusto subyuga en un sentido absoluto.  Es una sentencia a cadena perpetua pero una sentencia hacia la libertad.  Tengo suerte de compartir ideas contigo y con otros.  Por ejemplo, con los actores de Big Brum – la gente joven con la que trabajan confían en ellos porque saben que les dedican su tiempo totalmente y que nada puede distraerles.  De esa forma la gente joven construye un puente entre los actores y yo y así puedo seguir trabajando.

He dedicado algo de tiempo a responder tu carta y ahora me disculpo porque he creado más preguntas que respuestas.  Pero puedes responder a las preguntas con tus actores.  Edward.

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domingo, 10 de febrero de 2013

ENTENDIENDO EL CAMINO HACIA BOND

En el 2008, justo después de la implosión financiaría llamada crisis, Enric Duran estafó casi 500.000 euros a varios bancos.  La táctica fue usar contra los bancos las mismas armas engañosas que utilizan los bancos para atrapar clientes y el dinero de su esfuerzo: Enric usó la desesperación de los bancos por vender deuda, usando contratos, empresas y direcciones ficticias - después de todo, esa es la táctica de la banca mundial, venderte dinero con dinero de valor ficticio, inexistente. 

Si Enric hubiera querido y hubiese guardado silencio, se habría quedado con el dinero y no hubiese pasado nada (este no es un caso aislado y ha sucedido numerosas veces globalmente) - dado que los bancos no se pueden permitir la pésima publicidad que conlleva la verdad: pésimo, obsceno control del dinero (en otras palabras, los bancos usan el dinero sabiendo su verdadero valor.)    Pero Enric no quería el dinero para sí mismo, sino para denunciar la realidad del sistema bancario.  Enric repartió todo el dinero entre organizaciones anti-capitalistas y otros movimientos sociales y después hizo pública su hazaña explicando por qué lo hizo.  Inicialmente los bancos guardaron silencio y no quisieron denunciar la estafa - incluso la policía buscó confirmar con algunos de esos bancos si los hechos eran reales y por qué Enric no era denunciado.  Pero Enric no guardaba silencio, al contrario.  

Pero ahora, casi cinco años después, la fiscalía del Estado y 14 entidades bancarias piden para Enric Duran 8 años de prisión.  Se le ha informado solo tres semanas antes de que se celebre el juicio - en enero del 2013 - obviamente haciendo su causa indefensible en la legislación actual.  En canales como Change.org están recopilando firmas para su absolución. 

Pero no incluyo aquí estas lineas solo para hablar del valiente Enric Duran sino para difundir su brillante, sencilla, clara definición sobre qué es hoy el dinero.  Forma parte del conocimiento necesario para seguir caminando en la triste, tortuosa senda hacia la verdad, hacia la ética; llena de cadáveres y heridos de guerra, abusados y prostituidos, sangre y lágrimas, pillaje y violación.  En la senda hacia Edward Bond.  




LOS BANCOS CREAN DINERO DE LA NADA CON CRÉDITOS, PERO TIENE QUE SER DEVUELTO CON INTERESES.

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