“Lo que hace Bond con una linea, otros escritores menores necesitan seis
páginas.”
“Edward Bond es uno de los más importantes autores que tenemos en este país
(…) y del mundo.”
“Te sacude. Intenta despertar a la gente sacudiéndola.”
“Está Edward Bond el hombre y Bond el mito. El que habla agresivamente
sobre la situación de la escena británica... Pero está el Bond que
dedica todo el tiempo que sea necesario a explicarte con paciencia lo
que espera de sus obras... Creo que la idea sobre Bond esta
distorsionada.”
“Hay algo estimulante sobre este Bond que se niega a comprometerse, que se
niega a consensuar.”
“Las obras de Bond se representan muy poco y no se le dedica la
investigación necesaria.”
Edward Bond:
“El universo no va a tolerar nuestra estupidez por más tiempo.”
“Fuimos a ver Macbeth y... cambió mi vida. Por primera vez alguien me
hablaba seriamente. Sabía que Shakespeare conocía mi experiencia
de la vida – me hablaba a mi.”
“En los años 40 y 50 la clase trabajadora solo era capaz de viajar al
extranjero si entraba en el ejercito. (…) Pero lo que encontré
realmente espantoso fue la brutalidad. No la brutalidad hacia el
enemigo, sino dentro del ejercito mismo. Así que me volví muy muy
consciente de estas divisiones de clase. Así que cuando salí tenía
que decir algo sobre esto. La única forma de expresión disponible
para mi – porque no tenía sentido literario; quiero decir, creo
que el teatro es una expresión artística de la clase trabajadora;
porque hablas. Así que era natural que empezara escribiendo obras.”
“Teatro moderno ahora esta dividido en estas dos cosas: tienes obras acerca
de la sociedad o tienes obras acerca del individuo. Nunca pones a
los dos juntos. Y eso quiere decir que el teatro es entonces una
falsedad – porque el ser humano está hecho de estas dos fuerzas.
Si deleite o alegría es donde el lenguaje se crea... si vas a hablar
de la sociedad vas a hacerlo con un lenguaje abstracto – álgebra,
máquinas, o algo así – cuando hablas del ser (nota de C Villa: dentro del
individuo “SELF”) tienes un lenguaje de emociones y vas a
conseguir gemidos, enojos, gestos. Pero cuando les juntas entonces
tienes que articular el mundo, tienes que articularte a ti mismo (…)
lo que intento hacer es producir una situación dentro de los límites
de estas dos cosas y así dejar que los seres humanos hablen.”
“No es una cuestión de instruir, enseñar a la gente ideas. Drama es acerca
de liberar esa energía capturada. (…) puedes ver esto... capitalismo se ha vuelto un parásito de esas estructuras de la
sociedad social … estamos viviendo para el parásito. Y eso
quiere decir que el dinero se convierte en un elemento extra como el
agua es a un pez. El dinero es nuestro parásito y destruirá
nuestras comunidades. Esto es muy complicado de explicar en
realidad. Con drama puedes mostrarlo de maneras más simples.”
"ES una
de las cosas... durante los últimos 20 años he escrito nueve o diez
obras para la juventud – y al mismo tiempo para adultos.
Curiosamente está todo conectado.
Pienso
que vivimos en una sociedad muy artificial donde las gentes están
continuamente rodeados de imagines.
Vuelvo
atrás doscientos años y no hay cine, no hay televisión. Así que
la mente, la imaginación tiene que estar funcionando de una forma
completamente diferente. Ahora hay este continuo flujo de imagines y
la inmensa mayoría de estas imagines se hacen para ganar dinero. Y
así la gente que lo hace están continuamente intentando encontrar
algo para VENDER."
Hace muy poco, la revista
británica de teatro “The Stage,” le pidió a Bond escribir un
artículo de portada sobre “el shock en la escena.” Bond me ha
enviado una copia que yo traduzco aquí para su difusión. Me dice:
“The Stage no es el tipo de revista para las que suelo escribir …
y además cuando lo lean probablemente decidan no publicarlo.” No sería la primera vez.
Tan pronto como la
publiquen en la revista – si lo hacen – lo incluiré aquí
también en su original inglés.
El teatro moderno se ocupa
de “cosas:” de problemas, de casos, de momentos, de eventos, de
accidentes -- pero sobretodo de chismorreo que intenta pasarnos como dialéctica. Activistas culturales – teatro, danza, música,
performance -- con ello creen criticar hechos injustos o iluminar
situaciones concretas que requieren arreglo o reparación. En otras
palabras, buscan cambiar varios de los problemas sociales que nos
acucian – pero nada de cambiar el sistema y el ethos que causa esos problemas. Sobre todo porque los centros, los orígenes de esos "problemas" están cubiertos por una gruesa y dura capa de ideología. Para ser capaces de profundizar en el centro del que emanan los problemas, tenemos una forma de arte que los humanos hemos usado desde hace miles de años: Drama.
Pero desde que la clase burguesa finalmente se liberó del yugo monárquico -- que durante siglos fue una idea considerada "imposible, utópica" y que los historiadores incluso nos dan una fecha, 1848 -- la misma cultura burguesa se ha representado a sí misma, exitosamente, como la definitiva; la cultura de una estructura social final ("El final de la Historia" que nos vendió Fukuyama.) El pistoletazo de salida fue, sin dudas, el "Ulises" de Joyce: el ratón que no para de correr en su noria y que cree que va a algún sitio. Lo que ha seguido ha sido la "cultura moderna." Y por supuesto, la última, la "postmoderna."
Ya lo he dicho y lo repito: si la cultura moderna han sido formas de evitar hablar lo menos posible del capitalismo, la postmoderna han sido formas de completamente evitarlo. Lo encuentras en la misma definición de la actual Performance Art -- que no es otra cosa que la continuación de la idea de lo conceptual que inició Marcel Duchamp: "en una obra de arte conceptual, lo importante no es el producto final, sino el proceso de creación."
Estamos atrapados.
Taller. Momento sobre la obra "The Short Electra" de Edward Bond. Obra
especificamente escrita para que actores exploren el acto-de-actuar Bondiano
(En "Escénica" Granada; hace ya varios años.)
Explorar, vivir el acto dramático debería ser un derecho humano y
constitucional de todos los jóvenes del mundo -- como lo es la vivienda,
el empleo la educación o el alimento; pero todos sabemos en que cloaca están
esos "derechos."
Como consecuencia de la
mecánica misma de la cultura del capitalismo occidental, Weber
predijo la inevitable deshumanización del mundo. Yo no tengo dudas
de que cuando el proceso capitalista nos catapulte a esos extremos de
alienación, Drama se volverá obsoleto. Esto es un peligro real.
¿Utopía?
¿Se burlan? Se realista; exige lo imposible. Es por eso que pongo mis esperanzas en un renacimiento del Drama -- pero del s. XXI. De ahí Edward Bond:
"La
mayoría de la gente conoce el teatro a través de la televisión y
el cine. Estos son administrados por corporaciones para ganar dinero.
Ningún ejecutivo de televisión morirá de hambre en una buhardilla
por difundir la verdad. Las películas no funcionan a través de
shocks sino de sensaciones. Esto se debe a que la vista es más
primitiva que el lenguaje. La sensación evita el significado. Esta
limitación fatal en los medios visuales se extiende desde primeros
planos hasta panoramas de desastres. El drama televisivo está
obsesionado con la ley y el crimen, con el bien y el mal. Pregunta
qué y quién.
Nunca pregunta por qué. Es por esto que su moralidad es
falsa porque por qué es la pregunta que nos hace humanos. Es
la cuestión del drama. Y la última y precipitada pregunta es por
qué debemos hacer el bien. La respuesta no es dios o la policía.
Para
encontrar la respuesta humana, los griegos crearon nuestro drama. Ya
habían dado los primeros pasos hacia nuestra democracia. Los
ciudadanos tenían que preguntar por qué para saber cómo
manejar su democracia. La singular distinción de la democracia es
que en una democracia eres responsable de tu propia humanidad. La
respuesta al por qué es demasiado complicada para la
teología, la filosofía o los tribunales de justicia. No puede haber
democracia sin drama. Todo esto es tan obvio que se puede poner en
estas pocas oraciones simples. La televisión y las películas no
pueden responder a la pregunta por qué. Las audiencias no
quieren ser molestadas con algo tan problemático como la
responsabilidad de tener que decir qué es la humanidad.
Quieren ser entretenidas. Así que las industrias de televisión y
cine entrenan al público para que reaccionen en el momento justo
como Pavlov entrenaba a sus perros de laboratorio para salivar cuando
era requerido. Cualquier otra cosa sería malo para las ganancias. No
discutiré esto más porque ya lo sabéis -- y si no lo sabíais no
deberías seguir leyendo esto, sino sacar uno de los periódicos de
las cloacas para leerlo. La cloaca es la estantería de nuestra
prensa infantil de derechas.
Edipo
descubrió que su felicidad, riqueza y trabajo político se basaban
en el autoengaño y el crimen. El shock al
entender esto hizo que se cegara a sí mismo. La obra fue
escrita hace 2.500 años y todavía la ponemos en escena. (Las obras
de “éxito" del West End-Broadway no durarán más allá de
las muertes de sus creadores). Cuando Edipo se cegó a sí mismo,
¿qué vio? No solo vio cómo había vivido; se vio a sí mismo. ¿Qué
vio el público? Entendamos Drama. Una audiencia, los actores y la
obra están confinados juntos en una habitación. Lo que separa a
estas tres cosas entre sí es más fina que la piel humana. Es una
situación única. El escenario de lo trágico y lo cómico es el
"triple cerebro". Le da a nuestra especie su poder creativo
único. Drama es la manera de convertir a la ficción en lo real
cuando nuestras instituciones son demasiado complicadas y tortuosas
para hacer frente a la realidad. Desenreda los engaños y las
mentiras de la autoridad, del gobierno y de nosotros mismos. Expone
las consecuencias a su causa. Drama es el regalo singular de la mente
humana. Es la lógica de la realidad. Es por esto que todas las
culturas humanas crean drama: es incluso la razón por la cual los
niños juegan. ¿Qué vio la audiencia cuando Edipo apagó sus ojos?
Se vieron a sí mismos. Somos la especie-Drama.
Y
ahora no tenemos drama. Ha sido puesto a la venta. Drama tiene un
solo tema: la justicia, y nuestra sociedad es brutalmente injusta.
Por eso, la vasta tecnología moderna que podría mejorar nuestras
vidas se usa para hacerlas todavía más injustas. La descripción
tácita del trabajo de la policía es mantener la injusticia. La ley
procesa a los pobres que violan la ley pero no procesa a los ricos
que hacen la ley y explotan a los pobres. Nuestro sistema legal está
plagado de agujeros a través de los cuales la corrupción se escurre
y florece. La venganza mantiene unidas a las sociedades injustas.
Estas cosas no son novedades de mi invención. Son las paradojas de
los dramas clásicos y nos jactamos de que sean el corazón de
nuestra civilización: venganza, injusticia, oportunismo, robo,
explotación, deslealtad, asesinato.
Hacemos
que todo esto sea aceptable para nuestras conciencias mediante la
cómoda distinción entre responsabilidad colectiva y responsabilidad
personal. La distinción es falsa. Somos colectivamente responsables
por el niño que muere de hambre y es torturado hasta la muerte; por
los adultos jóvenes que se matan en nuestras calles; por aquellos
que, en vez de ser personas saludables y capaces, con escalofríos y
enfebrecidos, violentan y roban nuestras casas durante la noche; por
los ancianos que mueren congelados en habitaciones solitarias. Es
como si estas cosas sucedieran en nuestras propias casas, en rincones
oscuros que nunca miramos. Si mirásemos, nos dejaría conmocionados
– nos quedaríamos en shock porque tenemos miedo. La razón
de todo shock es el miedo, y en la sociedad injusta eso debe
ser miedo a lo que hacemos o dejamos que se haga en nuestro nombre.
Unos ladrones me dejaron inconsciente a golpes para robarme en una
calle de Londres. Me pregunté quién será el próximo asaltante y
quién las próximas víctimas. No pretendo decir que una solución
sea fácil. Solo Drama puede penetrar en las confusiones. Nuestras
soluciones actuales son venganza y en una democracia no puede haber
venganza.
¿Cómo
podría alguien conmocionarse (shocked) con una ficción
teatral a menos que supieran que la ficción era realmente un hecho?
Una audiencia se conmociona solo cuando ha sido "descubierta",
“pillada.” Por supuesto, algunas conmociones (shocks)
pueden ser gratuitas – pero solo aquellos que albergan una culpa
inconsciente por su propia parte de complicidad con la injusticia
podrían conmocionarse con ello. Lo descartarían con un suspiro. El
resto es hipocresía.
¿Drama
tiene derecho a conmocionar? Drama tiene la obligación de
conmocionar.
He citado a Edipo no porque mi
argumento se base en los clásicos. La presente generación de
dramaturgos jóvenes probablemente esté más capacitada que ninguna
otra en el pasado. Pero no se les permite desarrollar su oficio. Los
dramaturgos hoy son explotados por "la industria" con fines
de lucro. Deben escribir anécdotas triviales que puedan galvanizarse
con los trucos banales de directores dramáticamente analfabetos.
Adaptan a Edipo con un ojo de cristal y lo llaman cultura. En las
dos grandes crisis de la civilización, tanto la Reforma griega como
la renacentista, los dramaturgos crearon nuevas formas de conciencia
humana para que nuestra especie pudiera vivir y florecer en un mundo
nuevo. Ahora vivimos en la tercera y la mayor de las crisis. Nuestros
dramaturgos podrían crear un drama que nos rescatara de un futuro
catastrófico. Es posible. Pero no tenemos Drama. En su lugar, hay
una industria del entretenimiento. Y eso sí conmociona (And that
is shocking.)"
Si en algo coinciden la mayor parte de las memorias de actores sobre la industria Hollywood que puedas leer, es que corrompe tu humanidad.
Gary Oldman ha mostrado en numerosas ocasiones que es un actor con potencial: altas capacidades de concentración, precisión, intensidad... esas características esenciales cuando actúas en una obra de Bond -- o de Sófocles o de Shakespeare.
Pero es demasiado irónico -- o cínico -- que un actor con orígenes en la clase obrera más profunda británica -- la clase que ha sufrido las más infames de las situaciones durante generaciones a manos de las élites británicas --, declare tal admiración por personajes históricos como Winston Churchill.
Porque un actor como Oldman, que se hizo conocido gracias a las obras de Edward Bond, "Saved" y "The Pope's Wedding", que nos venga a citar a W Churchill con veneración "nos ganamos la vida con lo que obtenemos, pero hacemos una vida con lo que damos", es simplemente grotesco.
Gary Oldman en "Saved" 1983 Royal Shakespeare Company
Uno podría creer que las gentes inteligentes entienden la situación de extrema gravedad en la que vivimos, detrás de la cubierta estética de la sociedad-de-consumismo, cuando son confrontadas por la verdad, por la realidad de la situación extrema de dueños-esclavos en que miles de millones de personas vivimos. Desafortunadamente, al ver la progresión de la carrera de Oldman, uno debe capitular ante la idea de que no basta con las reflexiones del intelecto, la investigación académica o la observación de obras maestras; que uno debe incluir sensibilidades -- y conocimiento cognitivo; en otras palabras, ética. La actual educación, la cultura moderna burguesa, NO es un antídoto contra la amenaza real y creciente de un renacimiento del fascismo, como argumenta Rob Riemen en su "Para Combatir esta Era -- Sobre Fascismo y Humanismo," (Taurus, 2018.) No ésta educación y no la que sufren nuestros jóvenes concretamente en España: una educación específicamente basada en pasar exámenes; una educación continuista de la misma metodología vacua e inútil que sufrí yo mismo en los 70 y los 80 en que los únicos cambios prominentes fueron pasar de una foto de Franco a una foto del Rey Juan Carlos en la pared. Una sociedad de la educación y la información que premeditamente fomenta el infantilismo y la tergiversación de la historia y su entendimiento.
Porque ¿quién era Churchill? Churchill, parafraseando a Chomsky, era el guerrero, el defensor por excelencia, no ya del capitalismo, sino del estado capitalista; el defensor del status quo y el perpetuador de la diferencia de clase. Hoy la sociedad del bienestar y la seguridad social en Gran Bretaña está en la boca de todas y diariamente en las portadas de todos los periódicos. Es claro para muchos que los tories hoy en el poder estan empeñados en desmantelar la protección social pública. Este ataque social ha sido progresivo desde las planificaciones políticas de Thatcher; aquella Thatcher que hizo famoso su dicho de "no hay tal cosa como sociedad." Y Thatcher fue, sin ninguna duda, una pupila avanzada de la ideología de Churchill.
El mito de Churchill como "defensor de la democracia, del mundo libre" ha calado profundamente en el imaginario occidental. Si hubieras vivido durante los últimos 20 años en las islas británicas, habrías podido observar con nitided como tanto los laboristas como los tories, la educación oficial como los medios, han situado la figura de Churchill en un pedestal a la altura de héroes míticos como Ricardo Corazón de León o, incluso más extravagante, Robin Hood. Sin embargo, los trabajadores que sobrevivieron la guerra, cuando dejaron los uniformes, entendieron qué podían esperar de las élites: a Churchill lo votaron fuera del parlamento al final de la Segunda Gran Guerra. Yo no tengo ninguna duda de que si hubiesen votado de nuevo a Churchill como Primer Ministro, los trabajadores británicos habrían seguido SIN seguridad social, durante almenos otros 10 ó 15 años más. Es simplemente grotesco que un actor como Oldman haga silencio sobre ese otro Churchill.
Churchill era un fiero, fanático defensor del status-quo. Un honesto lector de las memorias y biografías de Churchill tendría que admitir que, para defender el status-quo y la propiedad privada de las élites, el hijo del todo poderoso séptimo duque de Marlborough, el “gran líder” de la segunda Gran Guerra, habría tomado las medidas más extremas. Churchill tenía claro de que parte estaba cuando España sufrió en el 36 la carnicería fascista, financiada por los industrialistas, latifundistas y banqueros españoles. En el bestseller de Doris Kearns Goodwin, “No Ordinary Time,” quizas la mejor de las narraciones históricas sobre el matrimonio Franklin y Eleanor Roosevelt (Touchstone, New York, 1995,) Eleanor Roosevelt nos revela con claridad la ideología de Churchill:
“Una noche, durante una pequeña cena (en la Casa Blanca) con Churchill y su esposa (…) el primer ministro saco el tema de España. ¿Por qué no habíamos podido ayudar de alguna forma a los leales a la república, a las organizaciones antifascistas de la Guerra Civil Española? Preguntó Eleanor (Roosevelt) a Churchill, repitiendo así un argumento que a menudo había tenido con su marido (President Roosevelt.) El primer ministro respondió que los dos habrían perdido sus cabezas si los leales a la república hubiesen ganado. (…) La señora Churchill se inclinó sobre la mesa diciendo, “creo que quizás la señora Roosevelt tiene razón,” Su esposa solo incrementó la agitación de Churchill. “He mantenido ciertas creencias durante sesenta años y no voy a cambiarlas ahora,” gruñó. (…) y la cena terminó abruptamente. (pg. 382)
Churchill, como muchos de las élites británicas de la época, era un serio alcohólico – y es más que posible que su alcoholismo esté relacionado con las pobres y catastróficas decisiones militares que tomó, tanto en la Primera como en la Segunda Gran Guerra. En Galipolli, en 1915, Churchill fue el responsable directo de enviar miles de hombres a una carnicería humana cierta; igualmente durante los primeros capítulos de la Segunda Gran Guerra, costando miles de vidas y recursos, como sucedió tanto con sus direcciones en Dunkerque como con la marina británica en el Mar del Norte. Churchill formó parte de esas élites que, desde la más tierna edad, son instruidas en el “ordeno-y-mando.” Y que por provenir de esa “cuna” tan especial, son inmunes incluso cuando dirigen tácticas militares completamente borrachos. Cito de la muchas ocasiones que Churchill visitó Roosevelt en la Casa Blanca en la capital, Washington D.C.:
“De mañana, Churchill se vio las caras con el mayordomo de Roosevelt, Alonzo Fields. 'Bien, Fields (…) Ayer noche tuvimos una cena encantadora pero tengo unos cuantos encargos para ti. Queremos quedar aquí como amigos ¿no es cierto? (…) así que escucha bien. Uno, no me gusta hablar fuera de mis estancias; dos, odio que silben en los pasillos; y tres, debo tener un buen vaso de sherry en mi habitación antes del desayuno, un par de vasos de scotch con soda antes de la comida y champagne francés y el brandy de 90 años antes de irme a dormir.'” (pg. 302)
¿Sacó algo Oldman de su trabajo con Edward Bond allá por los 80? Por supuesto: un estar en escena, en el "sitio", en la situación. Es imposible representar una obra de Bond - como esa de Sófocles, Euripides o Shakespeare -- si el actor echa mano de trucos, gesticulaciones inútiles, melo-dramas. Y aun así esta dramaturgia bondiana te pide aun más: necesitas entender por qué haces "esa" obra, para quién y en qué situación social. Y es que en la sociedad de consumismo de cultura rápida, espectacular pero fácil de digerir, los actores y actrices son demasiados vulnerables. Viven teniendo que escoger entre la profesionalidad que requiere la industria-cultura y la vocación sincera; entre el "sí" a todo y poder pagar su hipoteca o alquiler y la reflexión premeditada e instruida; entre la memorización pura y simple y el entendimiento; entre lo que “se sabe que funciona y vende” y el riesgo de respetar principios – y por ende, la amenaza del ostracismo. Pero ¿entendió Oldman la situación de urgencia en que vivimos? ¿el origen de la amenaza social y continua en la que vivimos en las sociedades capitalistas? No lo creo. Traicionando ese espíritu original bondiano – y ese del mismo Aristóteles – que le hizo sobresalir en el escenario, prefirió hacer bolsa con una versión edulcorada de la filosofía bondiana. Los que perdemos somos las audiencias.
Ya en 1965 Laurence Olivier dijo de la obra de Bond, Saved “no es una obra para niños sino para adultos y los adultos de este país deberían tener la valentía de ir a verla.”
Se han publicado volúmenes de cartas de Edward Bond. Son documentos valiosísimos para el estudioso del teatro. En ellas se descubre un Bond que ha tenido que negociar espacio y principios con los grandes nombres de la historia del teatro; fieramente leal a su visión: un Drama de un futuro de iguales; un Drama en que cada persona que es audiencia debe decidir ser o no responsable por la sociedad en que vive; decidir entre dedicar sus vidas a hacer el mal o el bien. Un Drama cuyo objetivo final es lo ético. En la siguiente carta que traduzco, encontraréis a un Bond no-comerciable, intransigente sobre el fin de su obra, que no se deja cegar por el resplendor de ninguna promesa hollywoodense:
The Pope's Wedding, directed by Max Stafford Clark, Royal Court Theatre, London, UK, 1984
"4 diciembre 1985
Creo que estoy llegando a mi final en el teatro. Peter Hall obviamente no tiene ni idea de las dificultades para lograr que se desarrolle The Woman en el NT (National Theatre.) (…) En el Court (The Royal Court Theatre) los gerentes no están informados sobre qué es ser escritor. Max Stafford-Clark me da una copia de Restoration (Bond, 1981) con anotaciones diciéndome que trozos no funcionarían. Me ha dejado claro que es un incompetente para juzgar – quería borrar todos esos momentos que no son ni ordinarios ni obvios (pero que encima eran los mejores “momentos teatrales”.) Si hubiese sido un escritor joven habría forzado sus deseos sobre mi. Si les hubiera enviado hoy Saved lo habrían mutilado – y probablemente ni lo hubieran aceptado. Así que intenté la RSC (Royal Shakeaspeare Company). Era como entrar en el s. XIX. Los actores querían esconderse en los caracteres y falsear la voz “actuando.” Hasta las ideas que tiene Gary Oldman sobre teatro son desastrósamente limitadas – realismo de televisión. La idea de una estructura que retrata las situaciones del personaje no se comprende. (…) Siempre preguntan “¿funciona?” – pero nunca “¿qué quiere decir?” Obras pueden ser independientes del significado – explota una bolsa de papel llena de aire y ahí tienes un efecto-shock teatral. Lo que hacen realmente es reducir el dramatismo a simples artimañas -- y luego, para dar un contenido a la obra, introducen nada más que interpretaciones mundanas de la vida y la sociedad.
Y sin embargo siento que ésta era explota con significado, exigiendo nuevas actitudes en el escenario, nuevos enunciados y apariencias, una nueva calma y una nueva intensidad, nuevas certezas y una nueva capacidad de mirar el mar de Newton. Pero ¿dónde se pueden realizar estas cosas?
Durante casi un año, Hall se ha negado a que dirija mi obra en el National Theatre (Human Canon, 1985) Entonces vino Vanessa Redgrave y dijo que quería hacer “Agustina” y que dirigiese yo la obra. Así que Hall cambió completamente de idea y me escribió pidiéndome dirigir la obra. No porque la obra pudiese ser buena o debiese hacerse sino porque lo pedía una actriz. Le contesté que la parte de “Agustina” había sido escrita pensando en otra persona. ¡Ahora silencio!"
(“Cartas de Edward Bond,” Volumen III, editado por Ian Stuart, Routledge London 1997, pg. 57)
(…)
Empatizo con tu preocupación sobre el estado del drama y la
política. No debes (y no lo harás) desesperar.
Cuando
las cosas cambian es porque el mal se ha vuelto intolerable pero
también más poderoso. Juventud y edad se reciclan recíprocamente
y por eso debería haber esperanza. El peligro ahora es doble: el
poder de las armas de guerra y la destructividad del consumismo
capitalista. El peligro es real: degradamos nuestro mundo y
podríamos destruir la sociedad humana – en América Trump y en el
UK Boris Johnson y el fascismo de cosecha propia. La tragedia de la
actual sociedad en descomposición se convierte en una farsa,en
parte porque ninguna persona seria y perspicaz intentaría hacer
funcionar la situación actual, y por tanto los payasos toman el
control. Esto es inevitable en todas las sociedades gobernadas
por élites.
(…)
También
escribí un poema para celebrar los 23 años de Mel Kenyon como
agente teatral. Habrá un evento en el Royal Court, pero ya no puedo
entrar en ese lugar; es exactamente como las instituciones culturales
que describes en tu carta. En lugar de ir al evento, escribí el
poema para que fuese leído allí.
(...)
Así
que, tú y yo, debemos trabajar. Pienso en los jóvenes actores de
Sutton y en su futuro. Pienso en tus hijos.
El
problema es que los excesos del capitalismo se han vuelto
despiadadamente peligrosos, mientras todo se oculta bajo el
entretenimiento y el consumismo -- y la incomprensión. Está
sucediendo por doquier.
Así
es como Trump y Boris pueden reemplazar a Hitler y luego hacer que
parezca que el desastre puede posponerse. No creo que se pueda
posponer. En el Reino Unido parece que hay una reactivación del
socialismo entre los jóvenes. El problema es que pueden estropearlo.
En una reunión laboral, el público joven gritaba por la guillotina
cuando se mencionaba a la familia real. Han olvidado o nunca
supieron que las personas que gritaron por la guillotina en 1793
terminaron siendo guillotinadas. Tienes que pensar en el San
Petersburgo de 1917. Allí hubo una verdadera revolución popular,
pero que fue rápidamente maltratada. Lenin hizo su propio asesinato
inevitable y puso a Stalin en el poder. No entendemos ni nuestra
situación ni a nosotros mismos. Es por eso que un nuevo drama es
imprescindible para la comprensión humana. Si pudiéramos crear
esto, sería práctico y el primer drama sin ideología. Es sobre la
relación ya argumentada, entre los dos órdenes – el humano y el
natural. En mi poema para “Las Obras de Guerra” en Japón lo
llamo el caos de las escaleras. La relación es lógica y no se
puede evitar.
(…)
Piensa
en tu relación con tu padre. Y luego piensa en tu relación con tus
hijos. Eso debería ayudar.
Orwell escribió "Politica y el Idioma Inglés" en 1945. Es un pequeño texto de no más de 20 páginas en forma de panfleto (podeis encontrar varias traducciones gratuitas en internet colgadas por personas generosas. La mejor es http://bioinfo.uib.es/~joemiro/RecEscr/Politicayidioma.pdf.) Como es de esperar, leer a Orwell es una clase magistral sobre perspicacia social, agudeza, visión y suma elegancia - al menos en inglés. Pero al llegar a una de las secciónes del texto me ha dado algo de escalofrios. Porque Orwell podía haberlo escrito ayer. Es también interesante observar como las reglas de Orwell para escribir bien, se pueden aplicar directamente a los practicantes de la escena, a sus directores, actores o escritores.